domingo, 7 de mayo de 2017

Mª Isabel Martínez Cemillán: El autogiro de Viena Capellanes



Me encantan los establecimientos y comercios antiguos que, durante más de cien años han conservado presentación, calidad y servicios, ahora que tanto se está promocionando a «los jóvenes emprendedores», algo que me parece estupendo y necesario, es preciso recordar a aquellos que sin apenas información ni ayuda llegaron a «la capital» y a fuerza de trabajo, mucho, tesón e inteligencia abrieron tiendas, fundaron negocios, tuvieron merecido éxito y aquí siguen reconocidos y apreciados, Cafés La Mexicana, Antigua relojería de la Calle de la Sal, Librería San Ginés, Viena Capellanes,  entre muchos más, aunque, lamentablemente, algunos van desapareciendo, como Bobo y Pequeño, donde mi madre compraba y a mí me hacía mucha gracia el nombre, o últimamente, La Camerana, auténtica institución textil.

Pues de uno de ellos quiero hablar hoy, Viena Capellanes, de larga y apasionante historia desde su fundación en 1873, reconstruyendo vivencias comerciales y personales, conflictos y éxitos, pero sería muy largo  y me voy a centrar solamente en la novedosa campaña realizada en los años 30, con el lanzamiento de su peculiar vehículo de reparto: «El Autogiro  de Viena Capellanes».


Aprovechando el enorme entusiasmo despertado por el invento de Juan de la Cierva, los avispados propietarios de Viena Capellanes tuvieron la feliz idea de acondicionar sobre unos vehículos Singer*, unas carrocerías imitando el aspecto del autogiro, obra totalmente artesanal realizada con tal destreza y precisión que hubo que bloquear la hélice porque al tomar impulso se levantaba del suelo, provocando auténtico asombro a los madrileños que lo contemplaban. 

Se fabricaron tres vehículos que funcionaron perfectamente como reclamo publicitario y reparto del pan y otros productos almacenados en su interior en lugares alejados, Dehesa de la Villa, El Plantío, etc. Desgraciadamente, durante la Guerra Civil fueron confiscados, dos de ellos utilizados y destruidos, solamente al terminar la Guerra, se recuperó y restauró uno que siguió prestando servicio hasta 1946 en que se decidió retirarlo, guardarlo, declararlo «vehículo histórico» y exhibirlo en ocasiones memorables, ferias e importantes Centros Comerciales.

Desde 1873 a 2017, ciento cuarenta y cuatro años han pasado muchas cosas tanto en el primer establecimiento y numerosas sucursales de Viena Capellanes como en el Comercio madrileño en general, debemos recordar que tanto el servicio a domicilio, el catering y las franquicias no son actividades tan modernas como parece, se vienen practicando desde hace muchos años gracias a emprendedores, en este caso, un chico gallego de catorce años, Manuel Lence,  que decidido a «hacer las Américas» sin salir de su propio país, llega a la Villa y Corte, con tan buena fortuna que sus pasos le encaminan a la calle de La Misericordia, ¿premonición?, donde la familia Baroja regentaba una pequeña tahona de pan de Viena y, repito, a fuerza de trabajo, tesón y buena gestión, sin siquiera imaginarlo, llegará a poseer, muy joven, apenas cuarenta años, pionera, moderna, y modélica empresa, hasta con Autogiro Particular.


© Isabel Martínez Cemillán.


*Coche inglés Singer Popular 9 HP 




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